RANDY NEWMAN - LITTLE CRIMINALS

$15.000

Sello: Warner Bros. Records – KBS-3079
Formato: Vinilo, LP
País: CANADA
Edición: 1977
Género: Rock
Estilo: Pop rock
ESTADO DEL PRODUCTO
Cover : Impecable
Funda : Impecable
Disco : Impecable

Estado: CASI NUEVO
Detalles:
Sello: Warner Bros. Records – KBS-3079
Formato: Vinilo, LP
País: CANADA
Edición: 1977
Género: Rock
Estilo: Pop rock
ESTADO DEL PRODUCTO
Cover : Impecable
Funda : Impecable
Disco : Impecable

TRACKLIST

A1

 

SHORT PEOPLE

2:54

A2

 

YOU CAN'T FOOL THE FAT MAN

2:44

A3

 

LITTLE CRIMINALS

3:04

A4

 

TEXAS GIRL AT THE FUNERAL OF HER FATHER

2:40

A5

 

JOLLY COPPERS ON PARADE

3:46

A6

 

IN GERMANY BEFORE THE WAR

3:39

B1

 

SIGMUND FREUD'S IMPERSONATION OF ALBERT EINSTEIN IN AMERICA

3:02

B2

 

BALTIMORE

4:02

B3

 

I'LL BE HOME

2:47

B4

 

RIDER IN THE RAIN

3:54

B5

 

KATHLEEN (CATHOLICISM MADE EASIER)

3:35

B6

 

OLD MAN ON THE FARM

2:14

Nuevamente, cómo no, tenemos una selección de ilustres echando restos en estudio (repite Cooder o, por ejemplo, de muchos posibles también, tenemos a los Eagles al completo por ahí en medio), envolviendo el eterno discurso voz-piano de nuestro protagonista. Seguramente, además, «Little criminals» representa un crossroads en el opus de Newman, resultando el último de la serie inicial (con las cuatro masterpieces obligatorias que preceden) a la vez que un marcar territorio para lo que vendrá en adelante… Sí, pienso en verdad que este es el álbum que recomendaría en última instancia a todo el que no se haya acercado nunca al músico y quiera hacerse una idea orientativa de su carrera de la manera más rápida y feaciente posible. Además que, soundtracks al margen, es su disco que mejor funcionó en cuanto a popularidades… Y buena culpa, está claro, la tiene/tuvo el single y pieza inicial del asunto: «Short People«… Que no poca bronca le supuso por parte de algunos reductos enfermizamente mogigatos y tocacojones de la sociedad (pero cómo narices se puede tener tan poco sentido del humor como para tomarse en serio una frase como «los bajitos no tiene razones para vivir», es de locos !). Además, con ese marchamo buenrollista que se gasta el tema… De verdad que hace salir el sol a medianoche y si alguien está jodido de ánimos que se deje de automedicaciones y homeopatías garraferas y se la ponga al descuido y sin cuidado hasta la mejora asegurada que representa. Por si fuera poco, ya de inicio, «You Can’t Fool The Fatman«, que mantiene formas y tono… «No puedes engañar al gordo, no eres más que un estafador de tres al cuarto y eso es todo a lo que puedes llegar», que le espeta a su falsario compañero de conversación en plena calle… Esa vieja conocida sensación con el conocido/amigo/familiar agonías que pretende generar compasión pero que, por otro lado, tú conoces de sobras y no te queda sino lo de: «a ver qué te conozco muy bien, qué cuento me estás contando ahora»… Normalmente te callas, y/o hasta transiges, pero (ja) Randy dice en voz alta lo que por educación nos callamos (por lo menos a veces) para nosotros. Bravo y seguimos. Y lo hacemos, al tanto, con el tema titular: «Little Criminals«, la canción. Con este delincuente de pacotilla que no necesitamos a nuestro lado para nada… Viñeta urbana sobre una rata callejera, buscadora de problemas que no queremos cerca de los nuestros con el asunto de las drogas de fondo. Sin embargo, llega el momento de regresar al país de los crooners, que nunca abandonará y que es lo que más marca y define sus gigantescos primeros pasos, para recordarnos que es realmente difícil encontrar un songwriter con la misma pericia sangrante a la hora de hacernos llorar cuando de según que guisa se viste… No me extraña que un maestro, a la hora de plasmar en palabras las sensaciones que derivan de lo musical, del nivel de Joserra tenga «Texas Girl at the Funeral of Her Father»   en un pedestal… La canción es ni más ni menos que los pensamientos de la muchacha en el lugar que reza en título, se recupera el acompañamiento clásico tan solemne como siempre y ese final («Está empezando a llover. Papá, salgamos a navegar»), con la música tan mínima como retuerce entrañas, logra que (sin duda) todo -o poco menos- parezca una broma al compararse (¿recuerdan lo que comentaba sobre evitar ponderar a este músico en base a los valores habituales del «artista pop-rock tipo»?). Para «Jolly Coppers on Parade» ya el tipo ha dejado de tocar suelo. Y es que aprovechar la inocencia de los recuerdos de un niño viendo «desfilar», encantado, a la pasma sin reparar en lo que de ello deriva (no tiene edad para percatarse) es juntar significado y significante a un nivel que hasta la palabra «genio» parece cojear. Por supuesto, con lo bonito de la música y demás, se puede tratar todo de un «mal pensamiento» algo mezquino y que estemos (realmente) asistiendo a un recuerdo de un desfile sin más pero, conociendo algo al tipo, ese «now they’re doin’ tricks for the children», por ejemplo, tiene una lectura colateral bastante abierta y en la que conviene reparar… Además, no me cuadra nada Randy haciendo una canción de gratitud tan transparente hacia el estamento policial sin retranca que medie, la verdad. Para cerrar la primera cara tenemos «In Germany Before the War» … Regresa la orquesta, qué preciosidad de música y letra (ese final: «Nos acostamos bajo el cielo de otoño. Mi niña de oro y yo. Y ella está muy quieta»), ¿verdad?… Hasta que te enteras o alguien te explica que esa canción es sobre Peter Kürten: el mismísimo Vampiro de Dusseldorf que Lang inmortalizó en una de las mejores películas que nadie haya realizado jamás… Y la sonrisa se torna en sudor frío. Qué pongan de una vez su cara en todas las enciclopedias del mundo existentes al lado del término «songwriter» y dejémonos de leches ya !.

Para empezar la B side conviene ahora recordar, y más a tenor de la última frase del anterior párrafo, que esa (bendita) costumbre a la hora de enfocar los temas en primera persona, pero partiendo de punto de visto ajeno no le ha traído precisamente pocos problemas o Randy… El es un hacedor de canciones con todas sus consecuencias y hasta el finalizar de éstas, no se guarda nada ni se refugia en políticas correctas a la hora de contar historias. «Sigmund Freud’s Impersonation of Albert Einstein in America» es una gloriosa chaladura en la que se pone en la piel del científico más famoso del S.XX en un viaje a las américas… para hacerlo quedar como un racista hijo de puta con problemas de envidia fálica («apéndices africanos que casi llegan hasta el suelo «) !. Tremendo, más integrando la intro (como lo hace) con un ritmo de marcha militar e interpolando notas de los himnos germano y yanqui por en medio. Y ese destacar el reverso más intransigente y retrógrado de la sociedad que se encuentra en el new world como algo bueno, rematando con un final «que tus Navidades sean siempre Blancas» (con marcado denuedo en el adjetivar final). Debilidad infinita esa «Baltimore» que sigue, todo un canto desesperado a un lugar querido que se está perdiendo y dejando perder. Con su ritmo contenido, aguantado hasta el límite, hasta que estalla en un chorus que brilla en la oscuridad y que es la muerte por envidia inmediata de los gloriosos Fleetwood al completo en su periplo 75-79… «Nunca volveré aquí hasta el día que muera…» (me tengo que largar para sobrevivir pero que me entierren aquí, vaya). De ahí, en contraste con el lamento del que se tiene que marchar encontramos la nostalgia del que quiere regresar con esta nueva preciosidad que es «I’ll Be Home«: «Dónde quiera que vayas, y donde quiera que vagues, puedes volver que estaré esperándote». Todo un qué, para un tipo que ha cantado al país de arriba a abajo y de izquierda a derecha (ruego se repare en que omite muy claramente mentar ciudad o pueblo que valga) … Tú lugar no es geografía ni una franja horaria, son las paredes de tu hogar y ahí las banderas son paños de cocina. Sí señor.  «Rider in the Rain» es un country western a ritmo de atardecer en el porche y oyendo el piano de la cantina de fondo (aprovechando muy claramente el pasar de «los águilas» por el estudio en los coros, además). Ya suele calzar alguna de estas de vez en cuando, ya… Y hasta aquí llega la sombra de la saga Williams, sí. Lo de «Kathleen (Catholicism Made Easier)» tiene su coña marinera con ese chapurrear italiano por en medio y esos coros reverberados para la madre todos los blueseos en el álbum. Y es que siempre «ha enloquecido por las irish girls» y aunque ha recorrido todo el mundo se quiere volver a casa para casarse con la idealizada chica (o tipo de chica) que de ahí recuerda. Aunque, claro, hasta eso palidece ante una despedida tan sentida como la de «Old Man on the Farm» … Recupera las maneras de la muchacha que acude a enterrar a su padre en sentimiento (de nuevo ese ténue piano desnudo, minimizado hasta el llanto) para este anciano que barre el granero y se disculpa si ha permanecido en pie demasiado tiempo… Es su forma de vivir y la vida que conoce. Y puede que haya quedado atrás, pero, joder, le sigue encantando «la manera como canta esta canción». Perdón, finalmente, por ponerle nota Mr. Newman… Pues quién cojones es nadie, no aquejado de una megalomanía malsana recalcitrante, para osar puntuar tan evidente grandeza y pretender que, para más narices, se le tome un mínimamente en serio.

Extraído de https://exileshmagazine.com/2014/10/randy-newman-little-criminals-1977.html