Island In The Stream

Island In The Stream

Soñó muchas veces con este viaje, se pasó mil rollos cada vez que veía el video de Thom Yorke en el metro de Praga, se imaginaba que era ella la italiana cool que hizo colapsar la House of Cards de Thom.

“Parka, calcetines, pijama, dos pares de sostenes, 10 pares de calzones (2 bonitos y 8 para tirar), cepillo de dientes, ibuprofeno”. Daniela repasaba en su cabeza mientras acomodaba las cosas en la maleta. Sabía que mientras echaba algo se le olvidaba lo otro, no se acordaba de qué. Faltaban seis días para el viaje, pero contaba las horas para tomar el avión, un Boeing 707 de areolíneas Makiza. Se fabricaba imágenes en la cabeza caminando por las calles sintiéndose top con sus botas nuevas, mientras otra parte del cerebro recordaba una canción de Tindersticks “travelling light”. Así quería hacer este viaje, liviano, pocas cosas, las esenciales no más, pero en realidad no era nada más que una metáfora, una asociación random en su cabeza. Se sentía pesada, cargaba mucho dolor en su pecho, no podía sacarse del cuerpo ni del cerebro tanto equipaje, esperaba soltarlo todo, dejarlo caer desde el avión. Un acto simbólico más, eso necesitaba.

Soñó muchas veces con este viaje, se pasó mil rollos cada vez que veía el video de Thom Yorke en el metro de Praga, se imaginaba que era ella la italiana cool que hizo colapsar la House of Cards de Thom.

Esa noche no pudo dormir, tenía que tomar un bus desde Valparaíso, donde últimamente había encontrado un paraíso terrenal hypster, artístico, guarro y bohemio, eso se repetía en su cabeza cada vez que pasaba por la calle Uruguay buscando algún cachivache cool. Tomó el bus a las 10 de la mañana, se fue escuchando una playlist de canciones de amor de Radiohead, mala idea, muy mala idea, pero Daniela es como todas nosotras, o muchas por lo menos. ¡Ese afán masoquista de repasar los recuerdos sad en la cabeza!

Llegó al terminal y del resto de aquel día solo quedan emociones. Viajar sola es raro, no es tanto lo que te sucede sino más bien lo que sientes, vacío, miedo, emoción, nervio, esperanza, soledad, así sucesivamente de negro a blanco todo el tiempo. Como decía la letra de una canción “taking off and landing, the emptiest of feelings”, despegar y aterrizar, el sentimiento más vacío. Parece que no es buena idea re escuchar a Radiohead, se repetía insistentemente.

Su llegada a Madrid, escala obligada, fue como se lo había imaginado. Había revisado el tiempo mil veces semanas antes, entonces sabía perfectamente que a la hora de su arribo, estaría lloviendo, humedad 86%, temperatura 8 grados, sensación térmica 3 grados. Luces tenues de navidad en las vitrinas del centro, El Corte Inglés, Zara, todas esas tiendas pseudo top enfrente de sus ojos. Luego un cerdo entero dispuesto en la vitrina de un restaurant madrideño para quebrar el paisaje snob y finalmente un bar abierto a las 11 de la mañana le venía muy bien para tomarse una cerveza, de puro chora, ¿para qué un café si puedes ser cool a las 11:20 de la mañana?

El martes tomó el vuelo a Praga, por fin. Ya no podía esperar, cumplió con su amiga (a la que pasó a pegar en la pera) la vio, la saludó, hablaron de Chile, del estallido, de las noches de carrete universitario, etc, etc, etc.

Cuando salía del aeropuerto de Praga, miró por los ventanales un sombrío paisaje invernal de la Europa del Este. Escarcha, agua nieve, no sabía lo que era exactamente. En todo caso, no era un frío de los mil demonios, no era el que se había imaginado por lo menos.

Al día siguiente recorrió las calles del reloj, un ambiente navideño de cuento de hadas inundaba el centro viejo. Se dedicó a caminar sin rumbo, hacia donde la llevaran sus pasos, llegó hasta el puente Charles donde había visto mil ideas de pose en Pinterest. Se sacó todas las fotos de rigor y esperaba impacientemente los primeros likes en Instagram.

Caía la tarde, se había comido apenas una crema de coliflor en un restaurant por ahí, no era tan barato como le habían dicho así que prefirió algo liviano para gastar su limitado presupuesto diario en la noche. Revisó en Google maps y encontró una disquería en una galería soviet a la cual no recuerda cómo diantres llegó. Entre el cansancio y la emoción, miró de reojo algo que colgaba en el centro de la galería, era un caballo invertido, parecía un hombre con armadura montando un caballo al revés. ¡Puta que están locos los checos! - pensó. Se acordó de la cara de vampiro famélico de Pavel Nedved, el futbolista mundialero y por un segundo creyó haberlo visto de reojo, hasta lo siguió por las escaleras hacia un restaurant estilo David Lynch que más que atrayente daba susto. No, no era Nedved, ni su fantasma. Ya eran las 5, seguro la tienda de discos cerraría pronto. Buscó el número entre los pasillos y ahí estaba. Una tienda pequeña, más bien un pasillo largo lleno de cajas de discos, al fondo, un sobrino nieto de Kafka seguro con cara gruñona atendiendo de mala gana.

De primera, le cayó como balde de agua fría, los discos escapaban a su escuálido presupuesto tercermundista. Santana 30 lucas, Deep Purple 35 lucas, era mal augurio mirar esos primeros discos a esos precios. Mientras sus dedos como pulpos ardientes movían carátula tras carátula aparece Synchronicity. Ya lo tenía, pero quería una versión made in Europa del Este para puro quebrarse con sus amigos melómanos. No tenía precio. Le pregunta al muchacho vampiresco. Él dice algo, pero ella no le entiende, ¿cómo? Sorry how much? El tipo le grita ¡500 crowns! Saca la cuenta en su cabeza y le da 20 lucas más o menos. Mientras pensaba el tipo le señala los discos del suelo. Those are cheaper, le dice, cachando que Daniela no estaba convencida. El que tenía lo compró en 15.000 en Monophone, en excelente estado y edición de época, un lujo, ¿pa qué viajar tanto y pagar de más? - pensaba. Se agacha medio descorazonada, aparece puro molido, música checa, rock alemán, rock austriaco que no cachaba. Al lado de las cajas de long plays, una pequeña de singles, no tenía ninguna esperanza cuando de pronto, Dolly Parton y Kenny Rogers Islands in the stream, that is what we are, nothing in between, cantaba en su cabeza recordando la escena en que Hopper el policía de Stranger Things pone el disco y se pone a cantar “from one lover to another aha”. Se emocionó, se vio cantando la canción con su grupo de amigas y sin pensarlo más, saca sus coronas, intentando identificar qué moneda valía qué, entre el nervio y la emoción, no cachó si le pagó de más al Kafka gruñón. De pronto, un treinteañero cool, con peinado a lo Brian Ferry de Roxy Music, un sueño traído de los 80s, le hace un comentario que obviamente no cacha. Se hace la coqueta y le dice en inglés ¡sorry! I don’t speak Chzek. ¿El tipo galán soviet (no sabía que existía este tipo de hombres) le pregunta cuánto pagó por esa pequeña joya – joya? No es para tanto, piensa. El tipo amoroso le propone mostrarle Praga de noche. Daniela no creyendo el loto que se había sacado siendo que 20 minutos antes perseguía al fantasma de un futbolista cuarentón, se veía ahora con un adonis checo en perfecto estado y forma y pa rematar, un amante de la música, su alma gemela sacada de un cuento de hadas.

Entre las 6 de la tarde y las 9 de la noche, fueron miles de conversaciones al estilo “antes del amanecer”, esa peli noventera que saca suspiros a las románticas viajeras. Daniela mientras vivía el momento idílico no podía sacarse de la cabeza la escena futura de ella mostrándole a su amiga el single que había comprado y contandoles sobre el medio mino que había conocido gracias a esa canción. Es raro esto- pensaba- ¿cómo puedes vivir dos temporalidades, dos diacronías al mismo tiempo? Pensaba todo esto, cuando ya de noche lee en la pizarra de un bar la palabra “absentia”. Recordó escenas de películas, artículos en internet, se dijo ¡y qué tanto! Mira al mino con cara de ¿mh te tinca? Esto ya era amor indiscutible, un click de esos de pelis gringas románticas de canal 13. Fue tanto el enganche que en la bolá de absentia terminaron cantando ella a lo Dolly y él in the style of Kenny.

“All this love we feel
Needs no conversation
We ride it together, ah-ha
Making love with each other, ah-ha”

 

Daniela, por fin, desempacaba toda la ropa de más que traía y cargaba durante varios viajes y varios amores. En plena Praga invernal encuentra la isla en el estero que estaba buscando.

Por Angela Tironi

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